Rutas y paseos

RUTA DE LOS PANTANOS

A lo largo de un circuito de 101 kilómetros, el itinerario que proponemos discurre por los tres pantanos que flanquean el término municipal de Hellín, al oeste y sur del mismo. Los de Talave y Camarillas, que almacenan las aguas del río Mundo, y el pantano del Cenajo las del río Segura, del que el primero es afluente. Ríos que cruzaremos en varias ocasiones, en un ameno paseo por bellos paisajes naturales.

El Talave. Clic para ver ampliadaEnteramente por carreteras asfaltadas, el itinerario puede hacerse en coche o bicicleta, opción esta última que recomendamos a los amantes de este deporte, eso sí, con un aceptable nivel de forma física, asegurándoles, sin temor a la exageración, una inolvidable experiencia. La topografía del terreno es sinuosa. Sin que en ningún momento haya que salvar grandes desniveles, tiene los suficientes atractivos y variedad para disfrutar del deporte de la bicicleta. Diremos que llanos, lo que se dice llanos, los menos.

El punto de salida y llegada lo situamos en Hellín, en la explanada del recinto ferial. Para salir de la ciudad nos dirigimos, por la Gran Vía hacia la carretera de Elche de la Sierra para, una vez pasada la fuente con la cruz y llegados a una amplia rotonda, continuar por la Avenida de la Constitución, que bordea Hellín por el Oeste. La carretera de Elche de la Sierra la dejamos a la izquierda al bordear la rotonda. Avanzamos por la avenida, dejamos un colegio a la derecha y, poco más allá, a la altura de una farmacia en esquina, giro a la izquierda abandonando la avenida. Un corto tramo de calle en ascenso nos sitúa en la carretera de Liétor. Nuevo giro a la izquierda. Estamos en el barrio del Calvario. Unos pocos metros más y salimos de la ciudad.

Ahora es campo abierto y al fondo se recortan los primeros cerros. A poco más de 6 kilómetros del punto de salida llegamos a los pozos del Boquerón. Una pequeña laguna artificial almacena las aguas de este aforo, para riego o abastecimiento de la población en casos de necesidad. Con su zona arbolada y carretera que entronca, la dejamos a la izquierda, y tras una cerrada curva a la derecha, comenzamos una suave y tendida pendiente entre montañas que nos introduce en un paisaje agreste y calienta nuestros músculos. Dejaremos a la derecha, algo apartada de la carretera, una presa construida sobre la rambla del Boquerón, que retiene las aguas de escorrentía para que, filtrándose en el terreno, recargue los acuíferos subterráneos.


En los montes, salpicados de pinos, la vegetación dominante es el esparto, antigua riqueza de estas tierras que nos acompañará durante todo el recorrido.
Al llegar al indicador de Peña Rubia, a 12 kilómetros de la salida, si giramos la vista a la derecha veremos, coronado de antenas, el Monte Losa, cota más alta del término, con 1.038 metros de altitud.
Tras algunas subidas suaves y bajadas prolongadas, a 20,700 kilómetros de recorrido dejamos la carretera de Liétor para, girando a la izquierda, tomar la que nos ha de conducir al pantano del Talave. Ahora todo es un largo descenso. Los pinares se espesan un poco más, y el silencio que acompaña estos parajes se intensifica. La carretera es antigua y algo picada, pero no hay tráfico. Solo hay tranquilidad y naturaleza. Aire puro. Y así, tras alcanzar unas viviendas dispersas, divisamos los primeros reflejos del agua.

Durante tres kilómetros, el camino discurre bordeando el pantano por su margen izquierda hasta llegar a la presa.
Hemos andado cerca de veintisiete kilómetros. No hay prisas, merece la pena echar pié a tierra durante unos minutos y dejar vagar la vista. Reanudada la marcha, una repentina pendiente de ochocientos metros nos conduce al cauce del río Río Mundo. Clic para ver ampliadaMundo, junto al caserío y jardines de la presa, y una central eléctrica. Continuamos camino, cruzamos el río y seguimos acompañándolo durante un trecho. Pasamos junto a una minicentral hidroeléctrica que dejamos a la derecha, la estación de bombeo que eleva las aguas que son conducidas a Hellín a la izquierda, hasta que, poco más allá, la carretera se separa del cauce fluvial que se encajona entre montañas.

Después de 38 kilómetros en las piernas, o al volante, accedemos a la carretera de Hellín a Elche de la Sierra, que deberemos de tomar girando a la derecha. Hay un bar-restaurante en el cruce con una amplia explanada delante. Al otro lado del cruce se encuentra el área medioambiental de los Puentes de Isso, pero este lugar merece visita aparte. Así que, continuamos camino, ahora por excelente asfalto. Cruzamos el río Mundo de nuevo y a cinco kilómetros del empalme que dejamos atrás, cogemos a la izquierda -en el vértice de una cerrada curva a derechas- el camino que nos va a conducir a la presa del pantano del Cenajo. Terreno ondulado por un amplio valle entre montañas arboladas, escaso o nulo tráfico, silencio y paisaje. Una nueva y prolongada pendiente y, de pronto, tras un zig-zag de la carretera, la boca del túnel que nos conduce a la presa del Cenajo.
Vista desde la presa. Clic para ver ampliadaOchocientos metros por la galería y de nuevo la luz natural. Hay que parar en la presa.
Echar pié a tierra y grabar en la retina.

Nos hemos dejado atrás 58 kilómetros de ruta. A pocos metros de pasar la presa, nos encontramos, a la izquierda, el desvío de conduce a las casas y al hotel. O llegar hasta el fondo del valle, a orillas del río Segura. A elección.
Continuando camino, el mismo que traemos desde la presa, nos dejaremos a nuestra derecha la carretera que conduce a Calasparra y al santuario de la Virgen de la Esperanza. Ahora todo es descenso, un largo descenso. El paisaje es sobrio, áspero, seco, pero contiene una belleza especial, original. Hasta que de pronto, un gran llano se destaca allá lejos. La pendiente termina al El río Segura transcurre entre arrozales. Clic para ver ampliadallegar a Salmerón, una aldea de la provincia de Murcia. Bajamos, un cruce en T y giro a la izquierda. Estamos de nuevo cruzando el río Segura. A la derecha Murcia, a la izquierda Albacete. Y a ambos márgenes, un fértil valle donde se cría el mejor arroz del mundo, denominación de origen Calasparra.

El pueblecito que nos encontramos es Las Minas, cuyo origen se remonta a la explotación de las minas de azufre, en actividad desde los remotos tiempos de la Edad Antigua hasta los años cincuenta del pasado siglo. Aún se conservan pozos, galerías, restos de hornos. Para los amantes de la arqueología industrial.
En cuanto dejamos las últimas casas del núcleo, a la izquierda nos encontramos el empalme a Hellín, que hemos de tomar. Si vamos en bicicleta, hay que subir piñón. La pendiente es pronunciada, pero dura poco el esfuerzo, pues no tardamos en encontrar a la derecha el desvío que nos conduce, tras una repentina bajada, a la presa o a las casas del embalse de Camarillas. Dicen que es la más estrecha de España.

Presa de CamarillasViniendo el río Mundo por un amplio valle, convertidas hoy en pantano lo que en su día fueron fértiles tierras de cultivo, se encuentra de pronto con una impresionante cerrada, un estrecho entre verticales paredes montañosas -el cañón de Los Almadenes- que fue lugar idóneo para formar la presa. Y aprovechar el salto de agua para producir energía eléctrica. El cañón es espectacular, tiene cerca de un kilómetro de longitud, y se abre por el otro extremo al valle de Las Minas, donde al fin el río Mundo entrega sus aguas al Segura. La parada es obligatoria, aunque obvio es decir que cada cual sabrá administrarse los tiempos de descanso o las paradas en cualquier punto que le llame la atención. En definitiva, se trata de disfrutar, y si se va en plan deportivo, sufrir lo justo. Como es natural, el tramo de bajada al pantano hay que desandarlo, lo que significa un kilómetro y medio de fuerte pendiente. Lo que no es gran cosa con una hábil combinación de plato y piñón. Y es lo más duro que nos queda de camino. Como es de comprender, a los excursionistas en coche les obviamos estas menudas explicaciones.
El paisaje se vuelve de nuevo arbóreo y así nos acompaña un buen trecho, hasta abrirse a las choperas que bordean la cola del pantano. A la derecha, el río, a la izquierda, la Sierra de los Donceles, y enseguida, en la cota mas baja de todo nuestro recorrido, el último puente sobre el Mundo. Y es aquí donde nos despedimos de los cursos de agua.

Río Mundo llegando a Agramón. Clic para ver ampliadaPor cierto, zona de baños para todo aquel que le apetezcan las aguas fluviales. Dos kilómetros más allá, Agramón, pueblo de ochocientos habitantes, con el privilegio de su enclave. Diremos de pasada que muy cerca, pero en otra ruta, se encuentra el volcán de Cancarix, declarado Monumento Natural.
La carretera por la que accedemos a Agramón llega a una plaza con un monumento al tamborilero. Giro a la izquierda y recorremos la calle central del pueblo. Cuando pasamos otra plaza con la iglesia y un jardincito, atentos, la vía se estrecha y un indicador a la izquierda nos marca "Hellín 12 km".
Dejamos Agramón y seguimos por una larga recta, flanqueada a la derecha por la Sierra de Cabeza Llana y abierta por la izquierda al valle que, en suave pendiente, desciende hacia el río Mundo, río que por este lado viene largo trecho escoltado por Sierra Seca y la Sierra de los Donceles, regando a su paso fértiles tierras de arroces y frutales. Una cerrada curva a la derecha -a la izquierda queda el Collado de los Taraises-, una última rampa… y al coronar, a lo lejos, vemos la ciudad. El esfuerzo está a punto de culminar. Lleguemos a un cruce de carreteras, continuamos al frente, ligera subida, y en pocos minutos estaremos entrando en la Avenida de Castilla la Mancha que nos lleva "derechicos" al punto de partida. 101 kilómetros. Cansancio en el cuerpo. Y una extraordinaria sensación de felicidad.
Solo nos restan unos estiramientos, una ducha reparadora y… tomar despacio, sin prisas, la segunda cerveza.
Una recomendación para los amantes del ciclismo en ruta, aficionados a una "cierta dureza": vuelvan en otra ocasión y hagan el recorrido en sentido contrario. Seguro que repiten.
La ruta en coche tiene otros alicientes. Por la comodidad y el menor tiempo en recorrer los 101 kilómetros, nos permite detenernos más tiempo en cada parada, husmear alrededores, detenernos a pasear por los caseríos y jardines de los pantanos.
Vista panorámica desde el cerro de los AlmadenesUna sugerencia: al pasar Las Minas y nada más tomar la carretera que baja a la presa del Camarillas, a la derecha encontraremos un camino. Hay sitio para dejar el coche, cosa que recomendamos. Seguimos el camino de tierra, en suave pendiente. Se recorre en diez minutos a pié. Llegamos a una bifurcación. Cogiendo a la izquierda, el camino continúa subiendo hasta el cerro que tenemos enfrente, donde se ve una antena. El lugar al que llegamos, el cerro de los Almadenes, flanquea el Cañón del mismo nombre, del que ya quedó constancia, por la margen derecha del río Mundo. En esta elevada meseta tuvo su asiento un poblado ibérico, cuyos restos, tapados y a la espera, aún se advierten. Nos acercamos a la orilla norte y contemplamos el paisaje. Ha merecido la pena subir.

Descrita la ruta y consignada la distancia a recorrer, creemos ocioso mencionar tiempos. Cada cual conoce su ritmo. Lo que sin duda es cierto es que llenamos maravillosamente una mañana completa. El resto es:
Nuestra recomendación final. En realidad, una invitación. Pasen un fin de semana completo en esta tierra. Y faltará tiempo para disfrutar de todo el patrimonio y atractivos de la comarca: deportes, paisajes, un impresionante patrimonio arqueológico, cultura, historia, gastronomía…
Para ello disponemos de casas rurales encantadoras, o alojamientos convencionales, cuya reseña podrán encontrar en el apartado de empresas de esta página web.
¡Feliz ruta y provechosa estancia!

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